En Sanofi, estamos unidos por un objetivo común: perseguir los milagros de la ciencia para mejorar la vida de las personas.

Ese propósito es algo más que simples palabras. Son las acciones que llevamos a cabo, la forma en que nos tratamos unos a otros y la confianza que vamos forjando a lo largo del camino.

Creo firmemente que no hay plan de negocio sin un plan de personal, ni plan de personal sin confianza. La confianza se basa en la verdad y en hablar con franqueza, incluso cuando resulte incómodo. La confianza se refuerza gracias a la transparencia, mostrando nuestro trabajo, no solo nuestros resultados. La confianza que nos ganamos por cómo tratamos a nuestros compañeros, cómo nos preocupamos por los pacientes y cómo nos comprometemos con las comunidades a las que prestamos servicio.

La verdad, la confianza y la transparencia marcan mi forma de liderar y guían la forma en que cada uno de nosotros actúa en el día a día. En conjunto, son las condiciones que nos permiten dar lo mejor de nosotros mismos en el trabajo.

Nuestro Código de Conducta se basa en estos principios y constituye la “constitución” de nuestra empresa. En él se describe cómo cumplimos nuestro compromiso de hacer siempre lo correcto. Es una lectura obligatoria para todos los empleados de Sanofi y para todas las personas con las que mantenemos relaciones comerciales.

Como una de las empresas líderes mundiales del sector sanitario, Sanofi tiene la responsabilidad de cumplir con los más altos estándares éticos, al tiempo que impulsa los cambios que más importan. Todos los empleados comparten la responsabilidad de poner en práctica los valores y las normas que se detallan en las páginas siguientes.


Este Código refleja nuestro compromiso con los profesionales sanitarios, los pacientes, los científicos y los inversores que confían en nosotros para crear valor a largo plazo mediante la innovación sostenible y una gestión empresarial basada en la integridad.

Así es como nos aseguramos de que la innovación y la integridad vayan de la mano, y de que los medicamentos y las vacunas que desarrollamos se ajusten a los criterios éticos con los que los desarrollamos.

Por encima de todo, hacemos lo correcto, de la forma correcta. Así es como marcamos el rumbo del futuro de la asistencia sanitaria.